Panamá
Las mujeres y nuestro afán de rehabilitar gamines

Las mujeres y nuestro afán de rehabilitar gamines

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Chicas

A las mujeres nos encanta actuar como las salvadoras, las heroínas de cuentos de hada que llegamos a recuperar a la oveja descarriada para convertirlo en nuestro príncipe azul y así lograr el “juntos por siempre” que tanto hemos soñado. Y lo cierto es que nadie cambia a nadie.

Siendo realistas, los hombres mujeriegos sólo cambian… pero de mujer cada fin de semana, y si en algún loco caso llegan a cambiar de verdad, les puedo asegurar que no será por nosotras, sino por iniciativa propia. Y les digo esto no para desilusionarlas, mucho menos para hablar mal de los hombres, pero sí para que empecemos a identificar qué es lo que nos lleva adoptar ese “espíritu maternal”, a seguir este loco patrón que nos anima esa fogosa necesidad de recuperar gamines… que por cierto, entre más perturbados, mejor.

Podría decirles que la culpa es de las telenovelas mexicanas y Disney por mostrarnos sólo finales felices, pero siendo realistas, esto va más allá, esto va ligado más a un tema de baja autoestima, atracción sexual o “encoñe”, como le llamamos popularmente, porque se nos convierte en un reto, cosa que confundimos con lo problemático o que por alguna razón psicológica de la que no estoy apta para hablar, porque no soy psicóloga, inconscientemente atraemos lo que creemos que merecemos, aquello que de cierta forma termina siendo un reflejo de lo que somos por dentro o de lo que hemos vivido en nuestra infancia con nuestra figura paterna.

Lo cierto es que ser tercas como una mula nos ocasiona lágrimas y frustraciones. Está comprobado que la mayoría de estas relaciones o “retos” no terminan nada bien para nosotras; el final termina siendo predecible porque buscamos cambiar a alguien que no desea modificar su estilo de vida, creamos expectativas muy altas y empezamos a idealizar a la persona, algo que siempre está lejos de la realidad.

Por eso es necesario dejar de creernos “la excepción de la regla” y entender que la mayoría somos ‘la regla’, que nuestra misión en la vida no es arreglar la de los demás y sí mantener en orden y en constante evolución la nuestra, y esto sucede cuando nos damos el valor y amor propio que merecemos, cuando entendemos que la estabilidad y dormir tranquilas es algo que no tiene precio y empezaremos a programarnos mentalmente para atraer cosas menos conflictivas y sí vibraciones más positivas, para atraer mejores hombres y por ende mejores relaciones.

Niñas, reflexión: No sumemos responsabilidades a nuestras vidas que no nos corresponden. Es cierto que una buena mujer logra influenciar a un hombre, pero la decisión de cambio es de cada uno, así que dejemos de aferrarnos a esa clase de sujetos y de querer tallar diamantes en bruto, eso solo los moldea la vida.

Didi Alzate
@didialzate

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